Crecimos creyendo que mantener la mente ocupada es algo bueno, pero esto solo es cierto si tus pensamientos están dirigidos hacia la creación, lo beneficioso y lo positivo.
Los seres humanos tenemos la tendencia a obsesionarnos negativamente con cosas de nuestro pasado inmediato o lejano. Cosas tan insignificantes como que tu vecino hizo una fiesta y no te dejó dormir la noche anterior, o tan trascendentales como la terminación de una relación, un robo o la pérdida del empleo.
Hay gente que se obsesiona a tal punto que su vida deja de funcionar. A ésta condición se le llama en ingles Rumination y en español “rumiación del pensamiento”. Describe a personas que tienden a caer una y otra vez en un tema que los atormenta, que gastan toda su energía en la repetición del mismo, lo cual les imposibilita tomar acción al respecto o sobre cualquier otra cosa.
Éstas personas repetirán una y otra vez el evento en su cabeza, rumian al respecto sin descanso, como una vaca que regurgita sus alimentos y los mastica una y otra vez. Cuando se reúnen con amigos o familiares hablan sobre el tema, sobre lo que pudieron decir o hacer para cambiar la situación, se lamentan de la injusticia del hecho y de todas sus consecuencias y ellos se lo permiten aumentando, sin saberlo, la obsesión del rumiador.