
Cuando
alquilamos nuestra casa en Villa de Leyva, nos dejamos llevar por la encantadora
ubicación, los alrededores y el ambiente. Esta casita que reposa en medio del bosque nos embrujó a tal punto,
que olvidamos por completo revisar si la conexión eléctrica tenía polo a
tierra, o si nos podían conectar internet y peor aún, si el techo estaba en
condiciones de aguantar las terribles lluvias que nos aquejan por estos
días.
Como dicen
los gringos: Location, location, location… todo lo demás se puede reparar. Tuvimos
que solicitar una re impermeabilización de la casa, fabricamos canales
alrededor para evitar que se forme una cascada en nuestro ante jardín, rompimos
media cocina para instalar la lavadora y seguimos buscando la empresa que finalmente
nos preste un servicio de internet que nos permita conectarnos a una velocidad
decente… El agua de la llave no es potable, tenemos que usar repelente a
diario, sacudimos los zapatos y la ropa antes de usarla para evitar la picadura
de los alacranes, aquí no hay cine, centros comerciales o supermercados, pero,
todos estos inconvenientes, impensables por demás en la ciudad, son compensados
completamente por la tranquilidad que ahora nos embarga.