Una vez te has ido a vivir solo, empiezas a perder algunas buenas costumbres adquiridas en la casa materna, probablemente hasta las buenas maneras. Es una de tantas formas en que celebrarás tu recién adquirida libertad, literalmente pondrás en práctica todo lo que antes no era posible: andar desnudo por la sala sin que nadie se escandalice, cantar a todo pulmón sin recibir queja alguna, dejar una montaña de platos apilados por días sin fin, llegar a la hora que se te antoje y salir sin desayunar!
Cuando uno se vuelve “grande”, empezará a correr por ésta vida de veloces ajetreos y social media, así que lo primero que te pasará por la cabeza será desayunarte con un café, probablemente incluirás un par de galletas o un pedazo de pan y listo. Algunos preferirán comer cualquier cosa que se les antoje: gaseosa, empanadas, paqueticos o simplemente nada. Desayunar es una pérdida de tiempo..
Mala idea. El desayuno resulta ser la comida más importante del día y no debemos olvidar su relevancia. Saltarte el desayuno como la “gente importante” no será la más inteligente de tus decisiones. Resulta que cuando te levantas en la mañana, llevas 8 o más horas sin comer (esto considerando que eres una persona con hábitos medianamente sanos, de otra forma necesitarás un ajuste general), así que tu cuerpo, que ha permanecido en ayuno durante todo éste tiempo, necesitará una recarga de glucosa importante para volver a funcionar normalmente. Si no obtienes esa recarga de energía, probablemente durante el día sufras de decaimiento, falta de concentración y mal humor, pero esto no es todo, si necesitas más argumentos, la ausencia de un buen desayuno puede ocasionar obesidad y es un factor que aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.